MEGALOMANÍA.
La enciclopedia la define así: “Megalomanía (del griego μεγαλομανία) es un estado psicopatológico caracterizado por delirios de riqueza, poder, u omnipotencia -a menudo el término se asocia a delirios de grandeza y una obsesión compulsiva por tener el control de todo, incluyendo emociones, relaciones de pareja, familia, trabajo y entretenimiento-. La palabra deriva de manía significando locura y de megalo significando una obsesión de grandiosidad y extravagancia, síntoma común de la megalomanía. A veces es un síntoma de desórdenes maníacos o paranoides, depresiones múltiples, grandes complejos de inferioridad que conllevan a desórdenes paranoides, en donde el sujeto aquejado de esta perturbación, tiende a ver situaciones que no existen o a imaginarlas de una forma que sólo él termina creyéndolas y las puede emplear para manipular sentimientos y situaciones de cualquier tipo. Es un mal estudiado por los especialistas desde tiempos muy remotos. Los ejemplos más comunes son de emperadores, monarcas y dictadores”.
La Paranoia, más específicamente, puede referirse a un tipo de sensaciones incontrolables de ser el elegido para una alta misión, como la de salvar al mundo o a la patria. El significado del término ha cambiado con el tiempo. El diagnóstico moderno más adecuado para la paranoia es el de trastorno delirante.
Si atendemos estos síntomas descritos en la definición anterior y tratamos de ponerle ojos, dientes y orejas; nos vamos a encontrar muchos rostros conocidos especialmente en los últimos sexenios de nuestro devenir político.
Así como afirma el proverbio que es una biblia chiquita, que “De músico poeta y loco, todos tenemos un poco”, las conclusiones de los siquiatras mas connotados llevan a la afirmación de que la personalidad del político, es necesariamente paranoide. O sea, que tiene más de loco que de poeta y músico.
En ese catálogo de iluminados podemos acomodar a Nabucodonosor en Babilonia, a Ramses II en Egipto, Alejandro Magno de Macedonia, a todos los papas del Vaticano, desde Pedro (¿) hasta Benedicto XVI, a Napoleón, a Moctezuma, a Benito (Mussolini), a Don Porfirio, a Madero, y de plano le brincamos hasta Cedillo que no se dio cuenta de que fue presidente aunque si recuerda haber sido bolero, (complejo paranoico de inferioridad), a Carlitos Salinas y sus hermanos cómodos, a Fox, mas tocado que un violín de velorio, y desde luego a nuestro salvador en turno, que logró el exterminio el H1N1, conjuntamente con el turismo, la economía, y al fin logró la perfecta distribución de la pobreza.
Pero todas estas reflexiones, me asaltan en despoblado, por la correspondencia epistolar que han dado en iniciar Don Miguel de la Madrid Hurtado (de razón) y Carlos Salinas, (Con toda intención le parto el apellido materno por que no lo se escribir); impulsados por una entrevista realizada por Carmen Aristegui para la empresa noticiosa MVS.
No puede dejarse de mencionar que unos días antes, la aparición del libro de Carlos Ahumada, que también describe el perfil paranoide de Don Carlos, cuando afirma que daba órdenes, aunque amablemente a Diego de Ceballos, para lograr el desprestigio y exterminio de López Obrador, quien tampoco canta mal las rancheras en asuntos de perfil paranoide.
La retractación de Don Miguel de la Madrid Hurtado, quien afirma que lo agarraron en su minuto de obnubilación, tampoco es de creerse; aquí hay mas gatos encerrados que pelos tiene Salinas.
Y a como está desarrollándose esta lucha preelectoral, podemos llegar a concluir que “Ora si que estábamos mejor cuando estábamos peor.”
Como que de pronto me están dando ganas de cambiar de planeta.
La enciclopedia la define así: “Megalomanía (del griego μεγαλομανία) es un estado psicopatológico caracterizado por delirios de riqueza, poder, u omnipotencia -a menudo el término se asocia a delirios de grandeza y una obsesión compulsiva por tener el control de todo, incluyendo emociones, relaciones de pareja, familia, trabajo y entretenimiento-. La palabra deriva de manía significando locura y de megalo significando una obsesión de grandiosidad y extravagancia, síntoma común de la megalomanía. A veces es un síntoma de desórdenes maníacos o paranoides, depresiones múltiples, grandes complejos de inferioridad que conllevan a desórdenes paranoides, en donde el sujeto aquejado de esta perturbación, tiende a ver situaciones que no existen o a imaginarlas de una forma que sólo él termina creyéndolas y las puede emplear para manipular sentimientos y situaciones de cualquier tipo. Es un mal estudiado por los especialistas desde tiempos muy remotos. Los ejemplos más comunes son de emperadores, monarcas y dictadores”.
La Paranoia, más específicamente, puede referirse a un tipo de sensaciones incontrolables de ser el elegido para una alta misión, como la de salvar al mundo o a la patria. El significado del término ha cambiado con el tiempo. El diagnóstico moderno más adecuado para la paranoia es el de trastorno delirante.
Si atendemos estos síntomas descritos en la definición anterior y tratamos de ponerle ojos, dientes y orejas; nos vamos a encontrar muchos rostros conocidos especialmente en los últimos sexenios de nuestro devenir político.
Así como afirma el proverbio que es una biblia chiquita, que “De músico poeta y loco, todos tenemos un poco”, las conclusiones de los siquiatras mas connotados llevan a la afirmación de que la personalidad del político, es necesariamente paranoide. O sea, que tiene más de loco que de poeta y músico.
En ese catálogo de iluminados podemos acomodar a Nabucodonosor en Babilonia, a Ramses II en Egipto, Alejandro Magno de Macedonia, a todos los papas del Vaticano, desde Pedro (¿) hasta Benedicto XVI, a Napoleón, a Moctezuma, a Benito (Mussolini), a Don Porfirio, a Madero, y de plano le brincamos hasta Cedillo que no se dio cuenta de que fue presidente aunque si recuerda haber sido bolero, (complejo paranoico de inferioridad), a Carlitos Salinas y sus hermanos cómodos, a Fox, mas tocado que un violín de velorio, y desde luego a nuestro salvador en turno, que logró el exterminio el H1N1, conjuntamente con el turismo, la economía, y al fin logró la perfecta distribución de la pobreza.
Pero todas estas reflexiones, me asaltan en despoblado, por la correspondencia epistolar que han dado en iniciar Don Miguel de la Madrid Hurtado (de razón) y Carlos Salinas, (Con toda intención le parto el apellido materno por que no lo se escribir); impulsados por una entrevista realizada por Carmen Aristegui para la empresa noticiosa MVS.
No puede dejarse de mencionar que unos días antes, la aparición del libro de Carlos Ahumada, que también describe el perfil paranoide de Don Carlos, cuando afirma que daba órdenes, aunque amablemente a Diego de Ceballos, para lograr el desprestigio y exterminio de López Obrador, quien tampoco canta mal las rancheras en asuntos de perfil paranoide.
La retractación de Don Miguel de la Madrid Hurtado, quien afirma que lo agarraron en su minuto de obnubilación, tampoco es de creerse; aquí hay mas gatos encerrados que pelos tiene Salinas.
Y a como está desarrollándose esta lucha preelectoral, podemos llegar a concluir que “Ora si que estábamos mejor cuando estábamos peor.”
Como que de pronto me están dando ganas de cambiar de planeta.

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